
El costo de este peculiar tipo de crédito disminuyó solo 0,2 décimas de punto porcentual entre julio y diciembre del año pasado, según Asufin.
Del 22,86% registrado en junio del año pasado al 22,84% de diciembre. En seis meses, el costo medio anual generado por pagar con una tarjeta revolving —ese singular tipo de plástico que se distingue por renovar automáticamente la porción de crédito que el consumidor reembolsa al banco cada mes y por tener cuotas de devolución reducidas— se ha mantenido prácticamente estable y casi tres puntos porcentuales por encima de lo que el Tribunal Supremo consideró como el umbral para calificar de usurario un tipo de interés, en una sentencia emitida en marzo del año pasado. Esta es la principal conclusión del último barómetro de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin), del que se desprende que ese costo sigue casi sin cambios, pese a algunos ajustes a la baja por parte de diversas entidades, debido a las elevadas tarifas de emisión y renovación de estos productos.
Mediante su fallo, dictado en el juicio sobre una tarjeta revolving de Wizink que aplicaba una tasa anual equivalente (TAE, es decir, el tipo de interés nominal más gastos y comisiones) del 27%, el Alto Tribunal calificó este costo de "desproporcionado y usurario", al alejarse notablemente del 20% que el Banco de España señala como tipo de interés medio de las tarjetas. La decisión se basaba en la ley de represión de la usura, que en su artículo 1 establece que "será nulo todo contrato de préstamo en que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero". Una doctrina respaldada recientemente por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que, en un auto fechado el pasado 25 de marzo, indica que esta normativa no es contraria a las directivas comunitarias de protección de los consumidores.
Si la sentencia del Supremo marcó un punto de inflexión en el mercado de las revolving, hasta el punto de que la TAE media de estos productos se encontraba a mediados del año pasado casi tres puntos porcentuales por debajo del 25,20% registrado a finales de 2019, el descenso parece haberse detenido en seco apenas 10 meses después del pronunciamiento. De esta forma, para una financiación de 1.000 euros a 24 meses, el costo medio de los 13 principales productos del mercado estudiados por Asufin es de 229,40 euros, pero se dispara a 472,94 euros en el caso del plástico más caro y baja hasta 124,39 euros en el caso del más barato. La TAE por sacar dinero en efectivo en cajeros automáticos con estas tarjetas alcanza el 27,99%.
Si bien muchas entidades han reducido la TAE de este tipo de producto, como es el caso de la Tarjeta Wizink Oro, que ha pasado del 21,94% al 20,90%, o la han sustituido por plásticos más baratos —Bankia, por ejemplo, ha cambiado la Tarjeta Compras, con una TAE del 26,08%, por la nueva Tarjeta Flexible, al 19%—, las altas comisiones de emisión o renovación mantienen los precios medios en niveles elevados, según datos de Asufin.
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Un 10% más por el seguro
De hecho, las tarjetas revolving más caras son las que incorporan estos gastos. De esta manera, "a la Diamond Infinite de Openbank, con un 59,47% TAE, le sigue la Tarjeta Oro Después de BBVA (80 euros de comisión de renovación), con el 27,49%, y la Tarjeta Después de BBVA (la versión Classic, con 43 euros de comisión anual), con el 25,41%. En el lado opuesto, se encuentra la Visa Proyecta de Abanca, con un costo casi seis veces inferior al de la más cara, es decir, una TAE del 11,99%", destacan desde la asociación.
Uno de los elementos que pueden encarecer aún más las tarjetas revolving son los seguros que cubren el impago en determinadas circunstancias, como el hecho de estar en el paro. Para una deuda de 1.000 euros a amortizar en dos años, su costo se eleva hasta un 10% más con respecto a la misma operación sin seguro. Este gasto no se incluye en la TAE, puesto que el seguro no es obligatorio. No obstante, "es habitual que esta posibilidad se destaque al contratar la tarjeta, sin que se explique debidamente su costo", apuntan desde Asufin.
Los resultados del estudio de la asociación se refieren a un período que precede la entrada en vigor, el pasado 2 de enero, de una orden con la que el Ministerio de Economía impone a las entidades condiciones más estrictas para la venta de tarjetas revolving. Por un lado, les exige ofrecer una información más transparente sobre su complejo funcionamiento y sus condiciones. Por el otro, el análisis de solvencia que el banco realiza para conceder estas tarjetas debe determinar la capacidad del cliente para devolver la deuda a un interés del 25% anual. Para cualquier tipo de crédito, además, las entidades tienen que comunicar a la Central de Información de Riesgos del Banco de España (Cirbe) las operaciones que superen los 1.000 euros, 8.000 euros menos de lo que se exigía anteriormente. Queda por ver qué consecuencias tendrá la aplicación de esta normativa en el precio de las revolving.
En cualquier caso, y en línea con otras asociaciones de consumidores, desde Asufin desaconsejan firmemente la utilización de estas tarjetas para la gestión de la economía doméstica, ya que "facilitan enormemente entrar en una espiral de deuda generadora de altos intereses".
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