La larga marcha hacia los inmuebles verdes

La larga marcha hacia los inmuebles verdes — Economy | Versia.media

Más del 35% de las emisiones contaminantes provienen de los edificios donde las personas viven y trabajan; por ello, su renovación resulta esencial para mejorar el entorno ambiental

Cuando la pandemia forzó a los españoles a permanecer semanas enteras en sus hogares (y, en ciertos casos, aún los sigue obligando), muchos observaron su entorno y, con frecuencia, lo que vieron no fue de su agrado. Fallos que resultaban soportables cuando la vivienda es casi solo un sitio para dormir se vuelven insoportables cuando hay que residir, comer, estudiar y trabajar día tras día dentro de cuatro paredes. "Creo que todos hemos notado durante esta pandemia que nuestras viviendas resultan incómodas. No tanto insalubres, pero sí incómodas", señala Óscar del Río, director general de Knauf Insulation Iberia. No es extraño que, cuando finalmente se aliviaron las restricciones, quienes podían permitírselo modificaron lo que no les satisfacía. "En julio, nuestra demanda fue un 50% superior a la del mismo mes del año pasado", explica Isabel Alonso de Armas, directora de Alianzas Estratégicas de Habitissimo.

Sin embargo, una puerta que chirría o incluso un horno que requiere sustitución no constituyen los problemas principales de las viviendas en España. Estos son mucho más profundos y están relacionados con su antigüedad y la calidad de su edificación. Dado que más de un tercio del dióxido de carbono que España libera a la atmósfera proviene de la necesidad de hacer habitables sus inmuebles, volverlos más eficientes y ecológicos resulta indispensable para que el país pueda alcanzar sus metas de descarbonización. Y de todos los desafíos que enfrenta este proceso, acordado a nivel global e impulsado por la Unión Europea, este es probablemente el más complejo de resolver. La iniciativa de debates Proyecto Zero, organizada por EL PAÍS e Iberdrola, no podía dejar de abordar los retos que plantea la modernización del parque edificatorio español, y, mediante videoconferencia (las restricciones lo exigen), reunió a varios especialistas para intentar señalar los caminos que se abren para solucionarlos.

La magnitud del problema resulta abrumadora. "El 97% de los edificios en Europa son inadecuados", considera Cristina Gamboa, consejera delegada del World Green Building Council. "Y el continente está tomando conciencia de que posee un stock inapropiado e ineficiente que incluso está perjudicando la salud de las personas". Pero más que su tamaño, lo que inquieta a los expertos sobre la ineficiencia energética de los inmuebles es lo poco que se ha avanzado hasta ahora. "La necesidad de calefacción de los edificios prácticamente equivale a las emisiones de todo el sector eléctrico", explica Patxi Calleja, director de Regulación de Iberdrola España. "Y mientras el sector eléctrico ha realizado grandes esfuerzos para descarbonizarse, aquí todavía vamos muy retrasados: un 70% del calor de los edificios sigue siendo de origen fósil".

Una vía para financiar el cambio

La Comisión Europea estima que, para cumplir sus objetivos de descarbonización, la inversión en rehabilitación y renovación de inmuebles deberá aumentar en 275.000 millones de euros adicionales cada año. Esto implica prácticamente triplicar lo que se invierte actualmente.

Es cierto que no se trata de un gasto, porque el dinero invertido se recupera con creces. Según un estudio del World Green Building Council, por cada millón de euros destinado a la rehabilitación se generan 18 empleos, y por cada euro invertido en España se recuperan 60 céntimos, principalmente en impuestos, durante los 12 meses siguientes.

Pero alguien debe adelantar el dinero. "El coste tendrá que ser asumido por toda la sociedad", considera Adrian Joyce, director de Renovate Europe Campaign. "Es, por tanto, una responsabilidad colectiva". En el país de las derramas dramáticas, el sector busca soluciones creativas para suavizar las reticencias de las comunidades de propietarios. "Ya se están formando consorcios de servicios energéticos, que deberán ofrecer el menor pago posible por parte del cliente inicial a cambio de un pago cubierto en la factura durante un periodo", explica Patxi Calleja, de Iberdrola.

Pero todos los expertos presentes coinciden en que la gran oportunidad reside en los fondos europeos, tanto los del nuevo acuerdo medioambiental presentado por la Comisión Europea como las inversiones extraordinarias para reactivar la economía del continente tras la pandemia de covid-19.

No es que no se haya hecho nada. "Como ciudadanos, llevamos años haciendo eficiencia energética", apunta Yago García de Gasalla, director global de Eficiencia Energética en Iberdrola. "Hemos pasado de las bombillas incandescentes a las LED, los electrodomésticos son cada vez más eficientes, se están instalando más placas solares". También hay factores favorables: "La descarbonización cuenta con el impulso del auge de las renovables, sabemos que están en precios mínimos históricos y eso está ayudando enormemente", considera Gamboa.

Esto es lo que hay

Sobre todo, el problema radica en las viviendas construidas entre 1950 y 1980, en una Europa que se recuperaba de las guerras mundiales (en el caso español, de la civil) y debía absorber un enorme éxodo rural. En casi todos los casos, estos inmuebles fueron levantados apresuradamente y sin ningún estándar de eficiencia energética, ni mucho menos medioambiental. Y no es algo que se pueda eliminar y comenzar de nuevo: "Más del 90% de las casas en 2030 ya están construidas o en construcción", apunta Alonso de Armas.

Eso obliga a actuar ya y sobre el parque existente. "No podemos lograr el objetivo de neutralidad de carbono para entonces sin reconocer el enorme potencial del entorno construido para ser parte activa de la solución", considera Gamboa. "La sostenibilidad nunca se resuelve con una única solución", explica Bruno Sauer, director general de Green Building España. "Si queremos descarbonizar un sector entero, deberíamos buscar soluciones muy diversas, para cada lugar y cada caso". "Ahora hay que dar un paso de gigante y ser mucho más agresivos, y hay que enfrentarse al reto del calor", explica García de Gasalla. "El calor es algo serio: no es instalar una bombilla de la tienda de la esquina".

Invertir en la eficiencia energética y la sostenibilidad de la vivienda es un proyecto a largo plazo. El que tres de cada cuatro españoles residan en una vivienda propia (la mayor proporción en Europa occidental) es una ayuda, pero el que un 64% ocupen apartamentos (una tasa solo superada por Letonia) complica la toma de decisiones y el reparto de los costes. "Todos estamos haciendo reformas; cocinas, baños", apunta Del Río. "Pero no se están haciendo cambios en la envolvente, porque la mayoría vivimos en edificios multifamiliares y todos los vecinos deben ponerse de acuerdo".

Porque el primer paso está en convencer a los españoles de que hacer más eficiente su vivienda no solo les ahorra dinero (a largo plazo), sino que también la hace más valiosa. "Si para nosotros es difícil entender la descarbonización, para la gente en la calle es diez veces más difícil. Hace falta vincularlo con otras ventajas y necesidades", considera Sauer. "Si queremos realmente descarbonizar el sector deberíamos crear una gran demanda que genere valor añadido; si solo es una imposición política desde Europa, dudo que vayamos a tener lo que hace falta". "Los consumidores deben entender que una casa sin emisiones netas es asequible de operar, que reduce la pobreza energética, y sobre todo son entornos saludables para vivir, trabajar y jugar", indica Gamboa. "Reformar la envolvente puede llegar a aumentar hasta un 20% el valor del edificio", opina Del Río. "Es una obra cara, sí, pero también hemos calculado que puede considerarse un plan de pensiones; hemos calculado que es más rentable, es verdad que es a largo plazo, va a ser una dinamización para el empleo".

Los técnicos deben ayudar

Pero no solo el consumidor debe cambiar su mentalidad. "Los profesionales manejamos un lenguaje muy diferente", apunta Alonso de Armas. "Se ha convertido en un oficio que se ha dejado en manos de empresas especialistas en conseguir subvenciones", considera Bruno Gutiérrez Cuevas, presidente de la Plataforma de Edificación Passivhaus. "Y que quizás hagan sustitución de carpintería y nada más, no vaya a ser que la propiedad se asuste y abandone la intervención". "Nos faltan técnicos formados", apunta Calleja. "Hay casos en los que los propios instaladores te recomiendan otras soluciones que no son las mejores porque es lo que saben instalar".

Sobre todo, hace falta un importante apoyo público, tanto regulatorio como de financiación. Pero no es suficiente. "Si queremos rehabilitar a gran escala, la subvención no lo va a resolver", considera Sauer. "Por cada euro invertido por la Administración hacen falta cinco en el sector privado. Y para activar ese dinero hace falta mostrar que en su ciclo de vida mantiene su valor y ese retorno es a medio y largo plazo".

Las resistencias de un sector continuista

Cualquiera que haya pensado en comprar un coche nuevo en los últimos años sabe que los coches nuevos baratos ya no son tan baratos como antes. Porque tanto los consumidores como la regulación exigen vehículos más modernos, más seguros y, cada vez más, más respetuosos con el medio ambiente. Si el consumidor ha aceptado esto (y continúa comprando coches), ¿por qué no va a hacer lo mismo con las viviendas? Es lo que se preguntan los ponentes del debate Construir y rehabilitar un futuro descarbonizado, parte de la serie de conversaciones Proyecto Zero organizadas por EL PAÍS e Iberdrola.

"Al primero que debemos convencer es al promotor: debe tener conciencia de que una vivienda sostenible y descarbonizada es lo óptimo, y esto todavía está reñido con el precio en el mercado", considera Julio Touza, fundador de Touza Arquitectos. "Es, todavía, algo más costoso, y al ser algo más costoso el precio es mayor y más difícil de vender, sobre todo si hablamos de vivienda social de precio limitado".

Una dificultad reforzada por la propia naturaleza del mercado de la promoción inmobiliaria y la construcción en España: muchas empresas muy pequeñas, muy fragmentadas y muy dependientes de la subcontratación. "De alguna manera es una industria conservadora", apunta Cristina Gamboa, consejera delegada del World Green Building Council. "Lleva muchos años en una tendencia de baja productividad y de baja innovación".

Una cosa que desde la industria se defiende es que una construcción eficiente ha de ser concienzuda y de buena calidad. "Es determinante tener una conciencia clara acerca de qué materiales hay que utilizar, sobre todo los que son materiales pasivos", considera Óscar del Río, director general de Knauf Insulation Iberia. "Un aislamiento no es un papel de pared o una pintura que se pueda cambiar: se instalan una vez en la vida útil de un edificio. Yo pediría que las normativas fuesen más exigentes; el Código Técnico de la Edificación se ha quedado un poco corto".

No es la única regulación problemática. "Todo el mundo sabe que queremos viviendas que tengan terraza", continúa Touza. "Pues en ciudades como Madrid las terrazas desde el punto de vista normativo computan como edificabilidad. Si para lograr la sostenibilidad hacemos que la gente pague más, sobre todo en vivienda social, estamos haciendo un pan como unas tortas". "Habría que preguntarse si se debe seguir permitiendo la construcción de viviendas con calefacción fósil", afirma Patxi Calleja, director de Regulación de Iberdrola España. "El 70% de las viviendas que se construyen hoy en día utilizan aerotermia. ¿Vamos a obligar a quien se compre una casa de aquí a 2050 a cambiar su sistema de calefacción?"

Touza también lamenta la falta de formación de los arquitectos acerca del impacto energético y ambiental de lo que hacen. "Se les enseña a ser grandes maestros del diseño, pero no les enseñan a construir, a concebir, a orientar..." Pero el fundador de Touza Arquitectos apunta que sin un cliente concienciado acerca de las bondades de la sostenibilidad, nada es posible.

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